Vos, la luna, el helado, los libros, la musica el mar, la mesa en la penunmbra en el bar, la madrugada, el perro vagabundo que nos sigue, la risa contagiosa, el silencio, las manos, las sabanas, el hasta siempre. Una larga lista en la columna del haber en mi libro diario.
Vuelvo a la noche y me impregno de ella. No se moverme mejor en otro lado como en la oscuridad. Allí no temo mostrar lo que no tengo. El frío y el vaso vacío me confirman una vez más que el espectro ya es parte de mí, aunque lo niegue.
Me vendo al mejor postor como la mejor manzana, me visto prolijamente y me convenzo: soy lo más parecido a mi misma cuando llega la mañana.